Cuando tenía alrededor de dieciséis años, algunos jóvenes protestantes me aseguraron que los católicos adorábamos a María y que esa supuesta práctica nos alejaba de Jesús. Me decían que no la necesitábamos, que Cristo era suficiente y que rezar el rosario era un error grave. Yo no tenía formación doctrinal para responder, así que acepté aquellas ideas como verdaderas. Con el tiempo, esto generó en mí un rechazo profundo. Cada vez que escuchaba una oración mariana, sentía enojo y confusión. Pensaba que honrar a María era traicionar a Cristo. Años después descubrí que ese rechazo no era fruto de la verdad, sino del desconocimiento. Estudiar la Biblia, la historia cristiana y la doctrina me permitió sanar una herida espiritual y reencontrarme con la Madre del Señor.
Clarificatio: aclarar antes de responder
El primer paso del MASC consiste en aclarar conceptos. En teología, adorar significa reconocer a Dios como Señor absoluto y fuente última de todo ser. Venerar, en cambio, significa honrar a quienes reflejan la gracia divina. De la Torre (2020) explica que la adoración implica dependencia ontológica total, mientras que la veneración reconoce la obra de Dios en sus criaturas. Muchas objeciones nacen del uso incorrecto de estas palabras. Cuando se aplica un método socrático y se pregunta qué entiende la persona por adorar, el malentendido se hace evidente.
Revelatio: lo que realmente enseña la Biblia
Después de aclarar los conceptos, es necesario acudir a la Revelación. La Biblia nunca presenta a María como una diosa, pero sí la presenta como elegida de manera extraordinaria. Lucas la llama llena de gracia y Johnson (2019) señala que esta expresión describe una acción transformadora de Dios en su vida. Isabel, movida por el Espíritu Santo, la llama Madre de mi Señor, un título con hondas implicaciones teológicas. La tipología bíblica profundiza esta comprensión. Pitre (2018) demuestra que los paralelos entre Lucas uno y dos Samuel seis muestran a María como la Nueva Arca de la Alianza y también como la Nueva Eva. Nada de esto insinúa adoración. Más bien subraya la grandeza del plan de Dios.
Traditio: la fe de los primeros cristianos
La historia cristiana temprana confirma la enseñanza bíblica. Ireneo de Lyon, en el siglo segundo, presenta a María como la Nueva Eva cuya obediencia coopera en la redención. San Atanasio la describe como el Arca viviente del Verbo. Los himnos antiguos y las oraciones como el Sub tuum praesidium revelan que los primeros cristianos ya honraban a María sin confundirla con Dios. La devoción mariana es apostólica y profundamente cristocéntrica.
Magisterium: la enseñanza oficial de la Iglesia
El Magisterio ha sido claro. El Catecismo enseña que la adoración corresponde únicamente a Dios y que María recibe un honor especial que nunca es adoración (Catecismo de la Iglesia Católica, 1997). El Concilio Vaticano II afirma que la verdadera devoción mariana siempre conduce al creyente hacia Cristo y nunca lo aparta de él.
Ratio: síntesis racional y teológica
La razón confirma todo lo anterior. Desde la metafísica, adorar significa reconocer una plenitud de ser que solo corresponde a Dios. María es criatura, amada y elegida, pero no divina. El personalismo cristiano ayuda a comprender la devoción mariana como reconocimiento de la obra de Dios en su vida. Honrar a María no resta gloria a Cristo; la orienta completamente hacia él.
"Los católicos no adoramos a María. Lo que existe desde hace siglos es un malentendido que nace del desconocimiento bíblico e histórico."
Método Apologético Sistemático Católico
En conclusión, los católicos no adoramos a María. Lo que existe desde hace siglos es un malentendido que nace del desconocimiento bíblico e histórico. María es venerada como Madre del Señor y modelo de fe, y su verdadera misión es guiarnos siempre hacia su Hijo.
Este artículo es parte de una serie que aplica el Método Apologético Sistemático Católico (MASC) para responder a las preguntas más comunes sobre la fe católica. El MASC integra la clarificación conceptual, la Revelación bíblica, el testimonio histórico, el Magisterio de la Iglesia y la síntesis racional para ofrecer respuestas completas, profundas y pastoralmente útiles.
