Acompañando al Migrante Hoy: Una Pastoral de Acogida desde el Pensamiento Popular Latino

Gabriel Castillo Molina, MA
Fundador de LiderLogos

Mirar al migrante desde el corazón de Cristo
Acompañar al migrante no es solamente un acto de solidaridad; es un acto profundamente evangélico. En la espiritualidad católica, la acogida del forastero es un gesto que revela el rostro mismo de Cristo. El Evangelio nos recuerda que "fui forastero y me recibieron" (Mt 25:35, Biblia de Navarra). No se trata de una frase bonita, sino de una llamada concreta a mirar la realidad migratoria con compasión, verdad y compromiso pastoral. Hoy, más que nunca, la Iglesia está invitada a ponerse de pie y abrazar a quienes llegan heridos, cansados y esperanzados.
La migración no es solo un fenómeno social; es una experiencia humana profundamente marcada por emociones, memorias, pérdidas y sueños. Desde la Teología del Pensamiento Popular Latino que tú desarrollas, el migrante no debe ser visto desde sus accidentes externos —su acento, su apariencia, su situación legal— sino desde su dignidad personal, su historia y su vocación. La mirada cristiana no se queda en la superficie; ve el corazón, ve la persona, ve a Cristo.
Una pastoral que entiende la herida y reconoce la dignidad
Muchas comunidades migrantes llegan a Estados Unidos cargando heridas del pasado: violencia, pobreza, discriminación, abandono y rupturas familiares. A esta realidad se suma el peso de comenzar desde cero en un país desconocido. La pastoral de acogida debe nacer de la convicción de que cada migrante es una persona con historia, proyecto y dignidad, categorías centrales en la filosofía personalista. Según Wojtyła (1979), la persona humana nunca puede reducirse a un número o a un caso social; siempre es un "alguien", nunca un "algo".
Este enfoque ayuda a que la Iglesia acompañe al migrante no solo desde la asistencia material, sino desde la sanación integral. Una comunidad parroquial que abraza, escucha y acompaña se convierte en un hogar espiritual para quienes buscan reconstruir su vida. Como afirma el Papa Francisco, la Iglesia está llamada a ser "hospital de campaña" (Francisco, 2013), especialmente para los que llegan heridos por la historia.
El Pensamiento Popular Latino: una herramienta para comprender el alma migrante
El migrante latino trae consigo una forma particular de vivir la fe, la familia, la comunidad y la vida cotidiana. El Pensamiento Popular Latino reconoce esas estructuras culturales que marcan la experiencia del pueblo: la resiliencia, la fe sencilla pero profunda, el sentido de comunidad, la solidaridad y, también, heridas culturales como el aguantismo. Cuando estas estructuras se analizan a la luz de la revelación, se convierten en claves pastorales que permiten acompañar mejor.
Desde este enfoque, una pastoral de acogida no impone modelos ajenos, sino que escucha, comprende y se encarna. La teología se vuelve puente entre la Palabra de Dios y las realidades concretas del pueblo latino. Esta manera de hacer pastoral no comienza con discursos, sino con empatía; no con normas, sino con encuentro; no con teorías, sino con el rostro real de la persona migrante.
Una pastoral de escucha: donde la comunidad sana
La primera misión de la pastoral de acogida es escuchar. Escuchar historias, dolores, miedos y sueños. Muchos migrantes necesitan un espacio donde puedan compartir lo vivido sin miedo a ser juzgados o reducidos a un estigma. La escucha pastoral no es pasiva; es activa, compasiva, sanadora. Quien escucha desde el corazón se convierte en instrumento del Espíritu Santo para aliviar heridas profundas.
Esta actitud pastoral sigue la línea de san Juan Pablo II, quien afirmaba que acompañar al ser humano implica "acoger su experiencia interior tal como es" (Juan Pablo II, 1994). Antes de orientar, la Iglesia está llamada a abrazar. Antes de enseñar, a comprender. Solo así el migrante podrá experimentar el amor de Dios en la comunidad cristiana.
"Fui forastero y me recibieron."
— Mateo 25:35
La fuerza de los sacramentos en la vida del migrante
La espiritualidad católica ofrece un tesoro único para acompañar al migrante: los sacramentos. La Eucaristía es para muchos latinoamericanos el lugar donde encuentran consuelo, identidad y esperanza. Allí, en el altar, el migrante experimenta que Dios camina con él, que no está solo, que su vida tiene sentido. La confesión, por su parte, se convierte en un espacio de desahogo interior, de reconciliación con la historia personal y de liberación de culpas que muchos cargan desde la infancia o desde el trauma migratorio.
La pastoral de acogida necesita promover una espiritualidad sacramental viva, cercana, humana. Cuando el migrante se encuentra con Cristo en los sacramentos, encuentra fuerzas nuevas para reconstruir su vida, sanar heridas y descubrir su vocación en un país nuevo.
Una Iglesia que camina con su pueblo
Acompañar al migrante hoy exige una Iglesia que no se queda en el templo esperando que lleguen, sino que sale al encuentro. Una Iglesia que reconoce rostros, escucha historias y camina junto a su pueblo. Esta es la pastoral de acogida que el Evangelio pide: una pastoral encarnada, compasiva y profundamente humana.
Desde el Pensamiento Popular Latino, la Iglesia puede ofrecer un acompañamiento que respeta la cultura, sana las heridas y fortalece la dignidad de cada persona. Porque cada migrante no es un problema que resolver, sino un hermano que acoger, un rostro de Cristo que reconocer y una historia que honrar.